El Mini original y clásico cobró vida debido a la escasez de …. bueno, de todo. Al salir de la mayor guerra de la historia de la humanidad, el mundo se quedó sin recursos, desde gasolina hasta metal. Afortunadamente para los británicos, Sir Alec Issigonis tuvo la brillante idea de crear el Mini, un coche que ofrecía mucho espacio a la vez que era económico y frugal.
Bajo su capó se escondía un motor colocado en posición transversal que rendía unos 55 caballos de potencia y que funcionaba con una caja de cambios colocada básicamente debajo de él. Gracias a esta disposición, muy común hoy en día pero que fue una innovación en aquella época, se ahorraba mucho espacio y el habitáculo podía albergar seres vivos, a pesar de su pequeño tamaño total.
Como señala Jay, el Mini original era innovador y ofrecía un medio de transporte barato a millones de personas. Sin embargo, como también era extremadamente ligero, mucha gente quería convertirlo en un coche de carreras. Y el coche también tuvo bastante éxito en este campo, ganando el Rally de Montecarlo y otros. Por supuesto, el bajo peso le ayudó a tomar las curvas más rápido que la mayoría de sus rivales, pero ¿qué pasa con las carreras en línea recta y las carreras de velocidad máxima?
Bueno, el coche que vas a ver es todo un récord mundial. Era un Mini de serie cuando llegó a este mundo, pero gracias a un equipo de entusiastas dedicados, ahora es una bestia salvaje. Sigue utilizando muchos componentes de su motor original, pero ha sido turboalimentado -como puedes ver por el tubo que sale del capó- y dispone de 370 CV. Gracias a otros cambios, como unos neumáticos nuevos y un intercooler propio que utiliza hielo, el coche consiguió establecer varios récords mundiales para su tamaño y segmento, alcanzando una velocidad máxima de 267 km/h en un lecho de sal, como vas a descubrir.

