En los últimos años se ha empezado a hablar de una colección de arte que establece un vínculo inusual pero muy estrecho entre el mundo del automóvil y el del arte: la colección BMW Art Car.
Fue el subastador y piloto francés Hervé Poulain quien tuvo la primera idea de pedir a un artista que pintara un coche. Retomando esta iniciativa en 1975, el estadounidense Alexander Calder pintó un coche de carreras de BMW, poniendo así la primera piedra. El experimento de los Art Car no tardó en tener continuidad: un año después de Calder, el artista neoyorquino Frank Stella cubrió un BMW con su típico dibujo cuadriculado. Le siguieron una serie de artistas pop: Roy Lichtenstein, Andy Warhol y Robert Rauschenberg. Aparte del Art Car de Rauschenberg, todos ellos participaron en la tradicional carrera de 24 horas de Le Mans, y algunos de ellos obtuvieron un éxito notable.
En los años 80, la colección de Art Car adquirió un carácter más variado: artistas de otras nacionalidades y con estilos diferentes se unieron al grupo: el austriaco Ernst Fuchs, los australianos Ken Done y Michael Jagamara Nelson, el japonés Matazo Kayama y el español César Manrique. También se amplió la gama de modelos seleccionados como Art Cars, con vehículos de producción en serie pintados además de los coches de carreras. Un ejemplo famoso es el BMW Z1 rojo pintado por A.R. Penck en la primavera de 1991, el primer artista alemán de Art Car.

El último y decimoséptimo BMW Art Car es obra de Jeff Koons, que utilizó el BMW M3 GT2 como inspiración. El coche se estrenó en París en junio.
Hoy, BMW nos ofrece la historia de los BMW Art Cars en bobina y nos lleva al principio.
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